Todo sobre los Problemas de Erección

El pene consta, entre otras, de tres estructuras de forma cilíndrica denominadas cuerpos cavernosos que, en condiciones normales, están prácticamente sin sangre. Estas estructuras contienen fibras musculares que, tras recibir el estímulo nervioso asociado al deseo sexual, se relajan y permiten que la sangre los rellene. 

Al estar recubiertas por un fuerte tejido fibroso, cuando se incrementa el volumen de sangre dentro de los cuerpos cavernosos se produce un aumento de la presión en el interior del pene, lo que propicia que éste se abombe y alargue produciéndose así la erección. Cuando este proceso se ve interrumpido en alguno de sus puntos se produce la disfunción eréctil. 

Entre las principales causas físicas de esta patología cobran especial relevancia las de origen vascular y nervioso por su estrecha relación con el proceso de erección. Las más frecuentes son la hipertensión arterial, la diabetes y el exceso de colesterol. No obstante, también se deben tener en cuenta las psicológicas, como la depresión, la ansiedad o el estrés.

El síntoma principal de la disfunción eréctil es la incapacidad para conseguir o mantener una erección que permita tener relaciones satisfactorias y esto puede generar cuadros de ansiedad y angustia, disminución de la autoestima y temor ante las relaciones sexuales. 

Pero los problemas de erección pueden ser también un signo que nos alerte de otras enfermedades, principalmente relacionadas con el sistema cardiovascular. Por esto es importante que acudas al médico para averiguar cuál es su origen y poner el tratamiento más adecuado.

 

Diagnóstico de la Disfunción Eréctil

En el diagnóstico de la disfunción eréctil se emplean diversos medios, aunque el más importante suele ser, en un primer momento, la entrevista del médico al paciente. En ella, el sanitario intentará determinar si se debe a razones físicas o psicológicas y se preocupará por preguntar al paciente si tiene problemas de tensión o cardiovasculares; o si consume medicamentos o drogas.

Es cierto que para un hombre puede resultar un tabú acudir al médico para consultar este problema. De forma errónea, muchas personas suelen asociar la dificultad para lograr una erección con la falta de virilidad. Es importante que sepan que no es cierto y que esa creencia obedece a la ignorancia sobre las causas de este problema.

Por otra parte, en algunos casos, ante el desconocimiento de cómo son las pruebas diagnósticas, los hombres temen acudir al médico. Les echa para atrás el que puedan sufrir dolor en una parte sensible del cuerpo como es el pene. Nada más lejos de la realidad. A continuación, se exponen las pruebas más frecuentes a las que los médicos especialistas someten a sus pacientes para averiguar las causas de sus problemas de erección:

- Pruebas de laboratorio: Para la valoración de niveles de hormona masculina (testosterona) en el hombre.

- Test para determinar la presencia de erecciones nocturnas: A aquellas personas que alegan no tener erecciones en ningún momento del día, se les ingresa una noche y se les monitoriza, para detectar la posible presencia de ellas durante el sueño.

- Cavernosonografía: Detrás de este complicado nombre, se encuentra una prueba que consiste en la realización de una radiografía de los cuerpos cavernosos del pene. Es totalmente indolora.

- Angiografía: Es igual que la anterior, lo único que en este caso la radiografía se realiza de la arteria principal del pene.

 

Cómo Prevenir la Disfunción Eréctil

La prevención de la disfunción eréctil está orientada a trabajar sobre aquellos factores que influyen en la aparición de éste trastorno. Aunque la edad sea uno de los principales responsables de su aparición, se puede actuar sobre otros para disminuir su incidencia siendo lo más importante mejorar la calidad de vida intentando deshacernos de habitos nocivos.

- Abandonar el tabaco.

- Eliminar el alcohol de la dieta.

- Evitar el sedentarismo y controlar el peso.

- Evitar la automedicación.

- Descansar correctamente.

- Acudir al médico.

Se recomienda también, como medida para prevenir la aparición de la disfunción eréctil, mantener una vida sexual activa.

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